domingo, 13 de septiembre de 2015

LAS 5 RUTAS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Saber negociar con éxito, dialogar sin herir y conseguir llegar a ponerse de acuerdo con los demás, hacer amigos y encontrar puntos de encuentro y de interés común entre personas que se habían enrocado en sus posturas inflexibles, conseguir que no solamente nosotros sino nuestros adversarios sean parte de la solución en lugar de convertirse en problema... De todo esto se ocupa la nueva inteligencia emocional, que no es otra cosa que la inteligencia para la vida, que ha distinguido y caracterizado siempre a las personas equilibradas, con sentido común y buen juicio.

Estas son las rutas o dominios en que se mueve una buena y bien entrenada inteligencia emocional:

a) Autoconocimiento. Decía Alexander Pope que "todo nuestro conocimiento es conocernos a nosotros mismos". En realidad, ¿qué podemos conocer si no tenemos un conocimiento realista, veraz y ajustado de nosotros mismos? Ser conscientes de cómo pensamos, cómo nos sentimos en las diferentes circunstancias y por qué y qué es lo que motiva nuestros actos es determinante para orientar convenientemente nuestra existencia. 
Te invito, para conocerte mejor, a que te evalúes de 1 a 10 en los siguientes aspectos: autoestima - actitud mental - autocontrol - buen humor - sentido del humor - ecuanimidad - calma, sosiego y equilibrio - adaptación a las circunstancias - renovación - capacidad de resistencia a la frustración. A partir de 60 puntos es aceptable el conocimiento que tienes de ti mismo.

b) Autorregulación. Responsabilidad de gestionar convenientemente nuestros sentimientos, emociones, actitudes y aptitudes, como bien dijo Antoine de Saint Exupery. "cada uno es el único responsable". No olvidar que el 85 % de nuestro crecimiento interior y de nuestra felicidad y éxito depende de nuestra actitud. El restante 15% depende de las aptitudes.

c) Empatía activa o capacidad de descubrir el interior de las personas y los mecanismos que activan sus sentimientos, emociones y actitudes; la calidad y orientación de sus pensamientos, sus cualidades, potencialidades y habilidades; lo mismo que sus miserias, debilidades, limitaciones..., saber utilizar este conocimiento en beneficio propio y de los demás.

d) Habilidades sociales y recursos humanos propios. Recordemos los momentos y situaciones críticas específicas en que nos sirvieron. Encontrar la propia llave maestra que utilizamos para gestionar bien la relación con nosotros mismos, con los compañeros de trabajo y amigos, etc.

e) Tener una razón fuerte, un por qué para vivir que nos lleve a celebrar y disfrutar con gozo cada nuevo día que amanezca.

Bernabé Tierno
(Psicólogo y escritor)

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