domingo, 5 de noviembre de 2017

LOS EXCESOS DEL CHUPETE

El chupete es como casi todo; si se utiliza con moderación es bueno, pero si se está dale que dale a todas horas durante los primeros años de vida, puede modificar los dientes y lo que es peor la arcada dental.

El problema no es la malformación del diente, al fin y al cabo, los dientes de leche se caen y vienen otros a sustituirlos. El problema es que los definitivos van a respetar la forma de la arcada maxilar. Si ésta está deformada, la posición de los dientes no será la correcta.

La mayoría de los niños deja el chupete a los cuatro años sin daños permanentes. Algunos especialistas señalan que los efectos nocivos son reversibles y que desaparecen si se abandona el hábito antes de los tres años.

Tiempo e intensidad
Pero la cuestión no depende sólo del tiempo que el niño tiene el chupete en la boca, sino de la intensidad con que lo chupe. Si succiona con ganas a todas horas, puede provocar problemas de maloclusión y malformación. Desde limitar el desarrollo óseo de la cara, mandíbula prominente, a que los dientes centrales inferiores salgan hacia dentro, mientras los superiores sobresalen.

También puede impedir la mordida entre los dientes superiores e inferiores, dejando la masticación en manos de los molares.

Si la posición de los dientes de leche no debe preocupar en exceso, la de los dientes definitivos si debe hacerlo. No es sólo una cuestión estética, puede acarrear problemas funcionales de masticación que aumentarán el desgaste dental y causarán dolores de cabeza. Las malformaciones más habituales se corrigen con ortodoncia, las más complejas requerirán cirugía oral y maxilofacial.

No podemos culpar de todo al chupete, pero ¿es necesario?. Sus propiedades relajantes contrastan con su papel durante la dentición: el succionar presiona las encías y aumenta el dolor. Quizá el secreto esté en su uso racional: a determinadas horas del día, para inducir al sueño y en renunciar a él antes de los dos años.


Chuparse el dedo
* Las tetinas de biberón difícilmente intervienen en las malformaciones ya que el tiempo que se tienen en la boca no es apreciable. Pero si puede resultar dañina la manía de chuparse el dedo, que tiene efectos similares a los del chupete con el agravante de que no se le puede quitar.

* Este mal hábito puede ocasionar una elevación excesiva del paladar que dificulta el desarrollo del  habla y la pronunciación, así como úlceras, callosidades y hasta deformaciones en el dedo.

* Mojar a menudo el dedo o el chupete en sustancias azucaradas para tranquilizar al niño favorece las caries y puede ocasionar incluso la pérdida de dientes.

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