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martes, 29 de diciembre de 2020

CARACTERÍSTICAS EVOLUTIVAS DE LOS NIÑOS DE 2 AÑOS

 Aunque existen una pautas comunes en el desarrollo para un mismo intervalo de edad, no quiere decir que  todos los niños evolucionen de la misma manera. Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo.

En los dos primero años de vida del niño, el desarrollo cognitivo, afectivo, psicomotor, social... está estrechamente ligado a su desarrollo físico y a su capacidad de movimiento, cada vez más autónoma. El desplazamiento y la palabra son dos elementos fundamentales en la vida de los pequeños de dos años.




Desarrollo afectivo-social

Los primeros años están marcados por la necesidad de afecto, jugando el apego (vinculación afectiva intensa) un papel fundamental. En el segundo año, el niño es capaz de utilizar el lenguaje oral para comunicarse y esto consolida esta vinculación afectiva.

Este año viene también marcado por el egocentrismo, es decir, por el interés por la posesión y por la propiedad de las cosas y las personas. Los pequeños intentan satisfacer sus deseos y ven en peligro todas sus posesiones, que son las que les proporcionan placer y diversión. Es importante que los padres regulen estas conductas egocéntricas, que evitan darles todo lo que pidan y que compensen las acciones generosas que muestren, creando situaciones de participación y cooperación a través de los juegos (a esta edad les gusta jugar junto a otros niños, aunque juegan individualmente).

Poco a poco comienzan a darse cuenta que son algo más independientes, que pueden hacer cosas solos. Imitan las actividades de sus padres en sus juegos.

Es una etapa marcada por las rabietas, que se desencadenan cuando no consiguen algo que quieren y por los conflictos entre sus deseos de independencia y la necesidad que tienen del adulto. Se obstinan en hacer las cosas ellos solos y se aferran a sus caprichos. Insisten para intentar conseguir lo que quieren. Lloran, se quejan, tiene pataletas. Frente a este comportamiento, los padres deben entender que son conductas normales y que hay que consentirlas, ser pacientes, mantener los límites y no darles grandes explicaciones ni castigarlos. No se debe usar el chantaje ni el miedo para controlarlas. Una vez que se hayan calmado, hay que hablar con ellos sobre lo mal que lo han pasado y sobre lo inadecuado de su  comportamiento, siempre con cariño.

Poco a poco irán comprendiendo lo que pueden y no pueden hacer, lo que está prohibido y lo que no. Se ríen contagiosamente y muestran síntomas de simpatía, comprensión, modestia o vergüenza. Pueden realizar pequeños encargos y empiezan a colaborar en tareas relacionadas con la higiene, la alimentación y el vestido. Al final del año, son capaces de expresar sus sentimientos, deseos y problemas.

Para que los niños adquieran conductas adecuadas, deben asumir algunas normas de disciplina, razonadas por el adulto, que sean capaces de entender.


Desarrollo del lenguaje

El desarrollo del lenguaje va a depender de diferentes factores: madurez, estimulación  que recibe del exterior, experiencias, desarrollo neurológico... A esta edad se inicia la comunicación verbal, que va a estar condicionada por la dentición, la alimentación, la imitación... además de por otros aspectos ambientales.

El niño se encuentra en una etapa conocida como telegráfica, caracterizada principalmente por la retención y omisión de algunos elementos. Se produce un gran desarrollo del habla en la que, en un principio, se mezcla la propia jerga (su peculiar forma de hablar) con las palabras bien dichas.

Durante el primer semestre del segundo año, habla consigo mismo mientras juega o realiza cualquier actividad. Utiliza el pronombre personal "yo", "tu", "él" y construye pequeñas frases negativas con el "no". Es capaz de nombrar algunos objetos de su entorno que se le señalan (silla, mesa) y algunos objetos representados en imágenes. Habla solo aunque nadie le esté escuchando. A lo largo del segundo semestre su nivel de comprensión mejora. Le gusta escuchar y que le cuenten cuentos y empieza a verbalizar las acciones que realiza (saltar, dormir, correr, peinarse). Comienza a conjugar los verbos, entiende algunas preposiciones (sobre, bajo), algunos adverbios (encima, debajo, antes, después) y utiliza algunos posesivos.

Al final del segundo año el vocabulario ha aumentado considerablemente y los pequeños son capaces de expresarse con bastante fluidez. La familia puede favorecer y estimular el desarrollo del lenguaje y la expresión oral de los niños de diferentes formas: nombrando objetos, convirtiendo en frases las palabras que el pequeño dice, hojeando cuentos, viendo juntos la televisión...


Desarrollo psicomotor

Podemos considerar el desarrollo psicomotor como la base del desarrollo de las demás áreas en el crecimiento del niño (cognitivo, del lenguaje, emocional, social...).

A los 2 años el pequeño está en la etapa del movimiento, de ir de un sitio a otro, ya que, en la mayoría de los casos, no tiene dificultad en la marcha y se producen grandes progresos en el control postural.

Durante el primer semestre será capaz de, entre otras acciones: manipular pequeños objetos, pasar las páginas de un libro, mantener la cuchara en posición correcta mientas se la lleva a la boca, arrojar objetos al aire, correr tras el balón dando puntapié, tocar las palmas mientras oye música, bailar, abrir y cerrar grifos y cremalleras, imitar golpes, garabatear y realizar trazos horizontales y verticales, imitar determinadas posturas, saltar, subir y bajar escaleras, actuar con mayor precisión en las actividades manipulativas de carácter fino...

Durante el segundo semestre, se producen muchos progresos. El niño ya tiende a utilizar una sola mano y sostiene bien el lápiz con los dedos. Es capaz de realizar actividades de ensartar bolas en un hilo y de transportar objetos frágiles. Además: tiene más control en el equilibrio, recorta utilizando las tijeras, traza líneas rectas y curvas con el lápiz, sus juegos con  los encajables son más complejos, es capaz de permanecer quieto y atento ante la televisión y otros espectáculos, corre y salta de manera más coordinada, baila al son de la música, es capaz de andar de puntillas, etc.


Desarrollo cognitivo

Hay una estrecha interdependencia entre el desarrollo mental y el psicomotor. Es muy frecuente que el niño hable mientras actúa, al tiempo que ejecuta lo que dice.

Durante este periodo, va a ir desarrollando su capacidad para utilizar símbolos en sus pensamientos y acciones y manejará conceptos como edad, tiempo y espacio. Además, desarrolla su capacidad para representar internamente los objetos y fenómenos y es capaz de expresar sus sentimientos y deseos, de predecir las relaciones causa-efecto y de representar objetos ausentes.

Durante este año, el niño ha ampliado su memoria, recordando hechos que sucedieron hace días, y puede memorizar rimas cortas, aunque su capacidad de atención sea poca. Muestra gran curiosidad por todo lo que le rodea y tiene un gran afán por saber, por conocer su entorno u por imitar lo que hacen los adultos. distingue algunos colores, algunas intensidades, tamaños y formas.

Poco a poco el pequeño empieza a imitar trazos circulares, verticales y horizontales. Va siendo más autónomo en algunas de sus rutinas diarias (lavarse y secarse las manos, beber de un vaso si ayuda, utilizar el tenedor, desatarse los zapatos...) y es capaz de controlar sus necesidades corporales sintiéndose culpable si tiene algún accidente en el control de esfínteres diurno.

Empiezan los juegos imaginativos, imita animales, confunde la realidad con hechos fantásticos y empieza a participar en juegos de escenificación. A los dos años se desarrollan los sentimientos de gusto y aversión hacia otras personas. Tiene mucha capacidad para emitir juicios negativos dentro del plano de la lógica y puede distinguir diferentes objetos y clasificarlos en diversas categorías (animales, plantas...). En definitiva, es un año de mucha importancia para su desarrollo intelectual.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

CÓMO ELEGIR EL JUGUETE ADECUADO

 Las capacidades intelectuales, psíquicas, emocionales y motoras del niño se desarrollan de forma más eficaz a través del juego y de los instrumentos necesarios para ponerlo en práctica, es decir, los juguetes.

Antes de decidirnos por un juguete para nuestros hijo tenemos que tener presente que el juguete no es sino el instrumento para llevar a cabo la realización de un juego determinado, es decir, el juego es la razón de los juguetes. Estos son auxiliares en los que se apoya el niño para ampliar su actividad lúdica pero no son indispensables para jugar pues con su imaginación pueden lograr un mundo de fantasía sin necesidad de otro apoyo. Hay veces en que un bote de plástico puede convertirse en un barco, una caja de cartón en un coche, etc...

Los niños se encuentran atraídos por los juguetes y se divierten con ellos, aquí es donde radica la eficacia del juguete para estimular el aprendizaje y el desarrollo infantil. Por este motivo debemos elegir juguetes que estén cercanos al mundo inmediato de los niños y a su forma de imaginación. En definitiva, la actividad que proponga el juego debe ser atractiva y lúdica para ellos, ya que juegan para divertirse y no para aprender.

A la hora de comprar un juguete hay que tener en cuenta los gustos y preferencias de los pequeños, así como su momento evolutivo. Para conseguir una buena adecuación del juguete a la edad y características del niño es necesario conocerle bien. Por ello, es imprescindible que los padres dediquen tiempo a jugar con sus hijos.

Es conveniente regalar juguetes que desarrollen aspectos concretos de la personalidad del niño, pero también algunos que complementen sus tendencias más acusadas y se adapten claramente a la psicología particular de cada uno de ellos.

Dependiendo de la edad del niño y del juguete empleado para  un determinado tipo de juego se estimulará uno o varios de los siguientes tipos de desarrollo.

    Desarrollo sensorial: Lleva al niño al conocimiento de su entorno a través de los sentidos (tacto, vista, oído, olfato y gusto). 

Precisa de juegos de estimulación sensorial (colores vivos, musicales, texturas...).




    Desarrollo motor: Presenta dos aspectos: 

Motricidad gruesa, desarrollo de todos los músculos del cuerpo y su coordinación (gateo, caminar, saltar, correr...). 

Motricidad fina, desarrollo de los movimientos finos, coordinados y precisión manual (coordinación ojo-mano y habilidades varias). Precisan de juegos de encajar, construir, dibujar...

    Desarrollo del conocimiento: Aquí se incluyen distintas formas: atención y memoria, juegos de mesa y construcción, creatividad e inventiva, dibujos, construcciones... 

Posición vertical, triciclos, juegos de arrastre. 

Sentido musical, juegos sonoros, musicales.

    Desarrollo social: Juegos colectivos con aceptación de normas y estrategias sociales.




Hasta los tres años la evolución del niño y de sus juegos está marcada por factores básicamente sensoriales. Durante los primeros meses de vida solo es capaz de seguir objetos con su mirada. El color adquiere un papel decisivo. Luego comienza a entusiasmarse con sonidos, a descubrir el placer de tocar y de morder para dar paso progresivo a la conquista del equilibrio y de los juegos sensoriomotrices. Durante estos tres primeros años de vida se producen cambios acelerados en su desarrollo que hay que hay que seguir de cerca para no caer en el desfase entre el juguete y la capacidad que el niño tiene de divertirse con él.

Entre los tres y los seis años de edad se despierta el interés del niño por los juguetes que estimulan la destreza, que fomentan la actividad o que favorecen el espíritu creador, permitiéndole hacer cosas. Todo juguete que favorezca el desarrollo físico e intelectual y las relaciones con los demás son apropiados para esta etapa.

Cuando se elige un juguete adecuado a la edad del niño se facilita su uso correcto, con lo que ello comporta de seguridad física. Las indicaciones, las instrucciones, etc., deben figurar en español o en una lengua co-oficial.

La mejor garantía de seguridad es que el juguete esté fabricado en algún país de la Unión Europea o de marca suficientemente conocida ya que, por desgracia, algunos juguetes importados utilizan la marca CE a pesar de que no cumplen la normativa vigente de seguridad.

Al comprar un juguete hay que atender a su diseño, forma y color, ya que todo ello favorece la motivación del niño. Ante  una opción de compra de un juguete, los adultos deben saber que los más apreciados por los pequeños son  aquellos que les sirven para jugar con otros niños. Siempre sin olvidar que los padres y madres son las piezas más importante en el juego de los niños pues los juguetes no son un sustituto de las relaciones paterno filiales, sino un medio o complemento para establecer estas relaciones.

viernes, 20 de noviembre de 2020

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN INFANTIL

 Una de las finalidades del primer ciclo de Educación Infantil es dar respuesta a las necesidades de los niños y a sus familias, constituyendo una etapa educativa de vital importancia para el desarrollo integral y armónico del niño.

Durante este periodo de edad, la escuela atiende al desarrollo afectivo, al movimiento, a los hábitos de control corporal, al desarrollo del lenguaje, a la consecución de una autonomía progresiva, a la adquisición de pautas elementales de convivencia, al descubrimiento del entorno inmediato...

La intervención educativa a lo largo de este ciclo se dirige a estimular a los niños para que, progresivamente, identifiquen sus necesidades relacionadas con el bienestar corporal, y empiecen a ser cada vez más autónomos en la satisfacción de sus rutinas diarias. A través del afecto, del cariño, de la estimulación, del trato individual como persona, el niño va adquiriendo los instrumentos necesarios para actuar en su entorno y para sentir que sus necesidades están cubiertas. Dicha intervención procurará que el pequeño vaya desarrollando las capacidades que le permitan conocer su cuerpo y el de otros, que le permitan conocer y utilizar las posibilidades de acción y que, con ayuda del adulto, construya una imagen positiva de sí mismo, desarrolle sus capacidades afectivas y aprenda a respetar las diferencias.




Los contenidos educativos se abordan por medio de actividades globalizadas, de gran interés y significado para él. Las situaciones de rutinas de la vida diaria en los centros y en la casa constituirán el eje de dichas actividades. Poco a poco, el pequeño irá adquiriendo autonomía en sus rutinas y actividades cotidianas en cuanto a la comida, el vestido, el descanso...

A lo largo del primer ciclo deben aprender a relacionarse y deben adquirir, ya en sus primeros años de vida, algunas pautas elementales de convivencia: iniciarse en el diálogo, en el respeto hacia los demás, en el cuidado del medio ambiente, en la tolerancia y, en definitiva, en todos aquellos aspectos que son necesarios para vivir en sociedad.

Poco a poco, el niño irá utilizando el lenguaje oral y otros lenguajes (corporal, artístico, audiovisual...) para dar cauce a sus emociones y a sus sentimientos, contribuyendo a desarrollar su imaginación y creatividad. A través de ellos mostrará su conocimiento del mundo y su percepción de la realidad. Son instrumentos de comunicación e intercambio fundamentales para elaborar su propia identidad cultural e ir apreciando la de otros grupos sociales.

En esta etapa es fundamental que lo pasen bien, que disfruten, que se relacionen, que afronten nuevas experiencias, que compartan, que se expresen, que jueguen... Por todo ello, la función educativa de la escuela debe estar en estrecha relación con la que ejercen los padres. Debe ser un proceso compartido, de relaciones fluidas que permitan adoptar pautas de actuación conjuntas para favorecer el proceso de aprendizaje y el desarrollo armónico del pequeño.




martes, 28 de abril de 2020

LOS CASTIGOS

Hay quien cree que para ser buen padre no se debe castigar a los hijos, pero lo cierto es que los castigos son un buen recurso para establecer límites. Es necesario saber aplicarlos adecuadamente, porque si no su efecto podría ser el contrario del que pretendemos.

No obstante, los castigos por sí solos no sirven para educar; son una estrategia más, pero deben acompañarse de acciones como ignorar conductas no deseadas (no debe existir contacto físico, verbal ni visual); reforzar las conductas positivas del niño por insignificantes que parezcan y, sobre todo, dialogar con él explicándole de antemano las consecuencias de sus acciones.
No es  necesario extenderse mucho con las explicaciones, sobre todo con niños menores de siete años, pero sí es importante que sepa qué ocurre si hace tal o cual cosa. Esto le transmite seguridad y estabilidad en su desarrollo emocional y comportamental. De algún modo le enseñamos que él es responsable de sus acciones.

Respecto a la edad, en general se puede aplicar castigos a partir de los dos o tres años, cuando los pueden comprender. Eso sí, cuanto más pequeño es el niño menos debe durar un castigo.

Silla de pensar

Las normas básicas para aplicar castigos de forma adecuada son:

* Inmediatez. Los castigos tienen que aplicarse de forma inmediata a la conducta indeseable. Cuanto más tiempo pase, menos efecto tendrá, puesto que ya la cabeza del niño está en otras cosas y no va a entenderlo.

* Proporcionalidad. El castigo ha de ser proporcional a la falta. No vale de nada aplicar castigos intensos o muy prolongados en el tiempo porque el niño puede habituarse y entonces perderán eficacia.

* Especificidad. Debemos concretar el tiempo del castigo ("cuando pase X tiempo puedes volver a jugar") y si hay alguna conducta que debe hacer  para revertir el castigo ("vas a limpiar la mesa de las pinturas que has tirado y luego podremos volver a jugar").

* Lógica y duración. El castigo debe ser lógico y relacionarse con el incidente. Por ejemplo, si ha pintado la pared, el castigo podría ser limpiarla. Respecto a la duración, si establecemos un tiempo para el castigo (una tarde sin televisión), debemos ser firmes y cumplir el plazo; de lo contrario, el niño interpretará que el castigo no sirve para nada puesto que al final se lo levantarán.

* Realismo. Debemos asegurarnos que el castigo no supone un premio para el niño. Si para castigar le enviamos a su cuarto, donde tiene sus juguetes, el tiempo de castigo se convierte en un tiempo de juego.

viernes, 17 de abril de 2020

NIÑOS TIRANOS

Es muy fácil hacer que un niño se convierta en tirano. Sólo hay que seguir una pauta: consentírselo todo. 

El origen es la ausencia de límites educativos y de figuras que representen una mínima autoridad. Esto suele pasar en el caso de:

* Padres que temen ser firmes por malas experiencias durante su propia educación familiar.

* Abuelos u otras personas(familiares, canguros) responsables de la educación del niño, pues mantienen una actitud más laxa a la hora de establecer una disciplina.

* Padres que consideran al niño "especial". Puede ser el caso de: un hijo muy deseado; un hijo único al que se dan connotaciones de exclusividad y fragilidad; un hijo adoptado que ha costado mucho tener; un hijo que ha sobrevivido tras la muerte de un hermano; un niño prodigio a un niño diagnosticado como "problemático" (muy inteligente, hipersensible, con deficiencias físicas o psíquicas).

6 PAUTAS PARA EVITAR NIÑOS TIRANOS | Evoluciòn Consciente

Las características más comunes del niño tirano son:

_ Es muy caprichoso.

_ Molesta a los demás pero no soporta que le molesten a él.

_ Muestra baja tolerancia a la frustración.

_ Es egocéntrico, egoísta y tiene necesidad de llamar la atención.

_ Exige sus derechos, pero no le importan los de los demás.

_ Sabe atemorizar a los padres mediante pataletas (si es pequeño) y amenaza con fugarse o autolesionarse (si es mayor).

_ Hace que los padres se sientan culpables mediante quejas de no ser querido lo suficiente.

_ Grita y gime cuando quiere algo, con el consabido: "¡Todos lo tienen menos yo!"

La tiranía del niño es una conducta aprendida y mantenida por los padres, que, sin saberlo, lo han entrenado para la desobediencia.

Los niños necesitan límites para no ser tiranos y, sobre todo, para sentirse seguros y amados.

viernes, 8 de febrero de 2019

martes, 29 de mayo de 2018

CONTROL DE ESFÍNTERES



¿Cuándo empezar?
El control de esfínteres aparecerá de manera natural en su desarrollo, cada niño madura a un ritmo distinto.
La mayoría lo  han adquirido entre los 24 y los 30 meses, estando la edad media, del paso de los pañales al váter, en torno a los 27 meses.

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¿Cuándo está preparado?
Existen signos que indican que un niño está maduro para comenzar a retirarle el pañal:

+ Te indica que desea orinar o hacer deposición.

+ Se dirige al orinal cuando se le pide que lo haga, incluso colabora para conseguir por ello un premio.


+ Se muestra incómodo si el pañal está sucio y te pide que se lo cambies.


+ Te sigue al cuarto de baño, para observar cómo se emplea el váter y se divierte imitando a los mayores.


+ Es capaz de mantener el pañal seco durante al menos dos horas durante el día o permanece seco después de la siesta o incluso por la mañana.


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¿Cómo iniciar el proceso?
Tal vez sea preferible al principio utilizar un orinal, antes que sentar al niño en la taza. La mayoría de los niños se sienten más seguros al poder apoyar los pies en el suelo.
Para que pueda familiarizarse con el orinal, anímalo a que se siente inicialmente vestido, y posteriormente sin pañales.

No le obligues a permanecer en él si no lo desea. Debe poder levantarse cuando él quiera, y en cualquier caso, no dejes que permanezca más de cinco minutos cada vez. Cuando quiera sentarse, debes permanecer cerca de él y hablarle, o leerle un cuento.

Suelen controlar antes el esfínter anal que el vesical. Empieza, por tanto, a entrenarlo en éste primero. Si tu hijo tuviera ya un cierto ritmo u horario (por ejemplo, después de una comida) procura sentarlo en el orinal a esa hora del día. Si manifiesta algún signo o actitud característica cuando quiere hacer deposición (como detener su actividad, retirarse a un rincón…), puedes intentar sentarlo en el orinal en ese momento.

Si tu  hijo se retira del orinal sin ningún resultado, inténtalo de nuevo más tarde, sin regañarle. Si por el contrario emplea con éxito el orinal, debes darle un premio (una caricia, un abrazo, aplausos…).
Algunos niños aprenden como un juego, intentando enseñar a  un muñeco.
Si se produjera un “accidente”, no le regañes, límpialo sin mostrar enfado.
Recuerda que cada niño es diferente y va adquiriendo el control de esfínteres al ritmo que le corresponde. Si el proceso resulta complicado, es preferible volver a poner los pañales durante unas semanas, para volver a intentarlo más adelante.

Como norma general, has de tener una actitud relajada en este tema. Es necesario tener en cuenta una serie de comportamientos que no deben darse como: Meter prisa al niño, amenazarle, reñirle, ridiculizarlo en público o ante sus hermanos, forzarle a usar el inodoro y ponerle dificultades involuntarias como ropa difícil de poner y quitar.


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domingo, 28 de enero de 2018

PIOJOS


* Los piojos son pequeños insectos que chupan sangre y ponen huevos que se llaman liendres.

* Pueden aparecer en el cabellos, cuerpo y pubis.

* El piojo de la cabeza vive en el cabello de las personas y sobrevive 24 horas fuera de la cabeza. Se encuentran principalmente en la zona de la nuca y detrás de las orejas.

*Pueden aparecer durante todo el año, aunque suelen ser más frecuentes en primavera y al inicio del curso escolar.

* Afecta fundamentalmente a niños/as de entre 3 y 10 años, también pueden aparecer en adultos.

* Tienen predilección por los cabellos finos, no teñidos u limpios.

* Los piojos se transmiten por contacto directo, de cabeza a cabeza. No saltan ni vuelan, sólo caminan, pudiendo pasar de una cabeza a otra por contacto directo.

* No deben considerarse algo vergonzoso. No son característicos de  ninguna clase social ni aparecen por falta de higiene y tampoco entrañan ningún riesgo para la salud.

* El principal síntoma es el intenso picor que producen y como consecuencia un fuerte rascado por el que puede sobrevenir una infección.

* La mejor manera de diagnosticar la presencia de piojos es la observación del piojo vivo, pero es más frecuente detectarlo por la visualización de las liendres.

* Hay que examinar bien el pelo húmedo con buena iluminación y no confundirlo con caspa, arena o costras de heridas.

* Las liendres están fuertemente fijas al pelo. Para desprenderlas se sujetarán entres las  dos uñas y se tirará  y deslizará hasta el final del pelo.

* La única manera de prevenirlos es la revisión regular de la cabeza de los niños.



lunes, 8 de enero de 2018

COMPORTAMIENTO Y VALORES

Para los niños el afecto es una de las principales necesidades que tienen para sentir seguridad y para empezar a desarrollar la autoestima. La familia tiene la responsabilidad de cuidar, proteger y proveer de cariño a sus hijos. Los niños que crecen rodeados de afecto, de comunicación y de disciplina, estarán más asentados emocionalmente.

No hay que esperar que el niño haga algo excepcional para elogiarle y mostrarle afecto. Un beso, una caricia, una mirada o una palabra hará que se sienta querido. De ese modo reforzaremos su autoestima y desarrollaremos su propia capacidad afectiva.

No hay que confundir el afecto con la sobreprotección, no con el exceso de mimo, pues esto impedirá el desarrollo de su autonomía personal. Los niños necesitan vivir con unas normas de convivencia y comportamiento, siempre dentro de un marco de disciplina estable que les proporcione seguridad. Será tarea de los padres que sus hijos vayan construyendo una escala de valores que les permita distinguir lo bueno y lo malo, lo que está bien y lo que está mal. 

Es bueno compaginar el afecto y la autoridad. Ya desde pequeños es importante marcarles límites y normas en aspectos relacionados con la alimentación, el sueño y los juegos. Deben ser los padres quienes lleven las riendas para que se sientan más seguros, siempre dándoles razonamientos adaptados a su edad.
En todo momento debe existir una línea clara y coherente a seguir entre el padre y la madre. No hay nada peor que quitarse la autoridad unos a otros, sobre todo, si se hace delante de los pequeños.

Si al clima de afecto, de disciplina, añadimos la comunicación y el diálogo productivo se fortalecerá la relación entre los padres y los hijos. A través de la comunicación se pueden resolver los conflictos que se plantean día a día y conocer mejor las necesidades, los intereses, las emociones y los sentimientos de los niños.

Una de las tareas más importantes en la educación y formación de los hijos es la de enseñarles a ser responsables. Para que comprendan y pongan en práctica el sentido de la responsabilidad, se requiere de información, orientación, paciencia, constancia, confianza... Hay que permitir que participen en la toma de decisiones, darles la oportunidad de asumir las consecuencias de sus acciones, comprender los fracasos y limitaciones y elogiar sus logros.

Los niños deben saber que cuentan con el apoyo incondicional de sus padre y éstos deben enseñarles con el ejemplo (es más fácil que el niño sea responsable di ve que sus padres también lo son).

Algunas medidas que los padres pueden llevar a cabo para fomentar este valor son:

* Enseñarle a poner atención y cuidado en lo que hace.

* No hay que pedirle que haga algo que aún no ha aprendido.

* Establecer normas generales, que el niño asumirá conforme vaya creciendo.

* Asignar primero tareas muy simples para ir pidiéndole, poco a poco, otras más complejas. 

* Ser claros para que entienda bien lo que se espera de él.

* Explicar paso a paso lo que el pequeño debe hacer. Las tareas deben tener una dificultad moderada y progresiva, adaptada a la edad.

* Felicitarle y elogiarle cuando hace las cosas bien.

* Enseñarle a valerse por si mismo, que vaya siendo más autónomo y capaz de realizar cada vez mejor diferentes tareas.

Aunque sean pequeños, siempre hay tareas que pueden hacer: recoger sus juguetes, llevar las servilletas a la mesa, colocar su ropa...
Los padres deben ser firmes, coherentes y pacientes, estableciendo horarios, reglas, normas, costumbres y rutinas lo más regulares posibles.

domingo, 3 de diciembre de 2017

SI TIENES QUE CASTIGAR...

Hazlo de forma eficaz y positiva

Es importante que los niños aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.

El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños entiendan el porqué del mismo, y comprendan que ocurre cuando hacen determinadas acciones.

Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.


Pautas para educar con el castigo positivo

* Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción.

* Se firme. Un "NO" o un "DEJA ESO" dicho de forma contundente son más eficaces que versiones más suaves de las mismas órdenes

* No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.

* Coherentes.  Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando.

* Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.

* Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.

* Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué. En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende. Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.

* Refuerza comportamientos positivos. El castigo sólo dice al niño lo que no debe de hacer. Mejor ofrécele alternativas aceptables al mal comportamiento. Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque. Los refuerzos también son fundamentales,  elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.



martes, 28 de noviembre de 2017

AYUDAR EN CASA

Los niños, a menudo, consideran las pequeñas tareas como obligaciones difíciles y desagradables que les imponen cuando ellos preferirían hacer otras cosas. Aunque las tareas tengan poca importancia, muchas veces provocan disputas para lograr que se lleven a cabo.

Si se considera que cada miembro de la familia debe participar de la responsabilidad de las tareas de casa, especialmente si ambos padres trabajan, es mejor hacérselo ver al niño o niña desde el principio para que crezca con la idea de que ayudar en casa forma parte de su rutina diaria normal. Por supuesto que no hay que agobiar al niño con las tareas en la casa, pero unas pocas y simples responsabilidades ayudarán a sobrellevar el trabajo doméstico y enseñarán al niño a cooperar.

Cuando un niño aprende a realizar por su cuenta tareas domésticas y de autonomía, descarga a sus padres y maestros de un trabajo que de otro modo deberían realizar ellos. Al mismo tiempo, el niño comienza a participar en la vida de la familia y de la escuela de una manera más constructiva.

A menudo, los niños no adquieren el hábito de ayudar en casa si alguien lo hace por ellos. Cuando son un poco mayores, los padres cambian de pronto los papeles y les dicen: "esto debéis hacerlo vosotros", entonces es más difícil.
Por ello, es mejor aprovechar ese momento desde pequeñitos en el que ayudar es algo divertido. Además debemos tener en cuenta, que el enseñar a un niño a tener determinadas responsabilidades que cumplir en su casa, le ayudará a alcanzar un mayor grado de madurez, por lo que cuando sea adulto será una persona responsable.

Las tareas deben ser apropiadas a la edad y capacidad del niño pero resulta útil ir cambiándolas a medida que el niño crece, especialmente si hay más de un niño en la familia.
Habrá que establecer también un determinado momento para que realice la tarea, por ejemplo, poner la mesa antes de la hora de comer, recoger sus juguetes antes de ver los dibujos en la tele...

Cómo pueden colaborar en casa los niños de dos y tres años:

- Recoger los juguetes de su habitación y colocarlo en su baúl de forma sencilla y divertida. En esta labor inicial es aconsejable que lo haga siempre contigo porque 'le ayudas' a recoger.   

- Poner los pañales en la basura o la ropa sucia en el cesto. Ayudar a separar los calcetines.

- Dar de comer a una mascota. Regar las plantas.

- Vestirse solo. Ir al baño solito.

- Retirar su plato de la mesa y dejarlo en la cocina.


Cómo pueden colaborar en casa los niños de cuatro y cinco años:

- Ayudar a poner y quitar la mesa. Ayudarte en la cocina con las tareas fáciles.

- Ayudarte  a hacer su cama y recoger su habitación.

- Ayudarte a doblar toallas.

- Barrer.

- Ayudar en la compra doméstica y colocar las cosas en su sitio.


Cómo pueden colaborar en casa los niños de 6 y 7 años:

- Recoger sus juguetes sin ayuda. Tener el cuarto ordenado.

- Regar las plantas.

- Doblar calcetines.

- Ayudarte a enjuagar los platos.


Cómo pueden colaborar en casa los niños de 8 a 10 años:

- Lavar los platos.

- Cambiar las sábanas y hacer su cama solo.

- Limpiar (barrer, quitar el polvo, tener ordenada su habitación, etc.)


Cómo pueden colaborar en casa los niños de 10 a 12 años:

- Poner la lavadora.

- Realizar platos sencillos en la cocina.

- Limpiar sin supervisión.

- Sacar la basura.

Si la tarea que se le asigna es muy difícil para su edad, lo más probable es que se frustre, no la termine y le cueste colaborar en otras ocasiones. Por este motivo resulta imprescindible ajustar las demandas de los padres a sus años y capacidad de realizarlas. Además si no lo hace igual de perfecto que los adultos no importa, porque hay que darle valor a su esfuerzo y enseñarle a hacerlo mejor para la próxima vez.
Tan pronto como el niño sepa realizar por cuenta propia la mayor parte de la tarea habrá que recompensarle con cosas que le guste hacer.

Es muy importante también no hacer las tareas asignadas al niño si se le olvidan. Si deja su ropa en el suelo y siempre se la recogemos, no aprenderá que es una responsabilidad suya y pensará que da igual que la recoja o no. En lugar de esto, habrá que decirle lo que ocurrirá si a partir de ese momento se le olvida hacerlo. si su ropa está por el suelo, habrá que decirle que indicarle que la recoja o no habrá ganado la recompensa acordada.

Hay que tener en cuenta que cuanto más tarde comience el niño a ayudar en casa, más difícil será educarlo para que sea constante y ordenado en todo lo que haga. Si los padres animan a su hijo, hasta el niño más descuidado puede llegar a reformarse.



domingo, 12 de noviembre de 2017

EDUCACIÓN EMOCIONAL

La expresión de sentimientos y emociones está presente en nuestra vida desde que nacemos y es fundamental en el desarrollo de la personalidad, en el desarrollo psicológico y en la relación con los demás.

Los niños aprenden principalmente de los padres. Tienden a imitar conductas, comportamientos, expresiones... La familia funciona como modelo también en la vida emocional del niño por eso es importante que los padres conozcan los efectos que sus emociones y actitudes tienen en sus hijos.

Es importante que los niños empiecen a aprender a identificar, a nombrar y a expresar sus propias emociones y las de los demás, para que, poco a poco, puedan utilizarlas positivamente ayudando a los demás a sentirse bien, regular sus impulsos, aprender de los errores y aceptar las frustraciones. Poner nombre a un sentimiento, les ayuda a identificarlo cuando lo sienten.

Es muy frecuente en los niños muy pequeños observar una serie de conductas inadecuadas (rabietas tan propias de la edad, peleas...) que requieren una respuesta rápida por parte de los padres. Antes de intentar resolver estas situaciones utilizando el castigo, los niños se van a sentir más seguros y tranquilos si se trata el asunto con cariño, afecto, utilizando el diálogo y el elogio. Proceder así les va a generar confianza. Hay que hablarles, hacerles ver que han actuado mal y, en ocasiones, imponerles la restricción de algo que sabemos que les gusta.

Además de ayudarles a identificar y a expresar las emociones y a convertir una emoción negativa en una positiva, es necesario también generar en los niños conductas de empatía, es decir, enseñarles a comprender el punto de vista del otro de forma que influya de manera positiva en su desarrollo integral. A los 2 años comienzan a darse cuenta de que otro niño está triste e intentan que, de alguna manera, deje de estarlo. Para ellos empiezan a tener importancia las muestras de aprobación de las personas que para él son importantes.

Los niños construyen su autoconcepto y desarrollan su autoestima a través de las acciones que realizan y en sus relaciones con los demás. En este desarrollo, la familia tiene un papel fundamental, si les expresa sus cualidades positivas, les valora, les corrige aquellos aspectos que deben modificar y les ayuda a enfrentarse a los pequeños problemas que se les plantean. Hay que dejar que se equivoquen y aprendan de ello. 


ESTRATEGIAS PARA FORTALECER LA AUTOESTIMA DE LOS NIÑOS

* Elogia los éxitos de los niños. Elogia a los niños que se esfuercen en hacer bien las cosas.

* Demuéstrales cariño de una forma sincera. Hazles saber que los quieres.

* En la medida de lo posible, es mejor decirles qué cosas deben hacer en lugar de lo que no deben hacer.

* Trata de ignorarlos cuando tengan rabietas o cuando se comporten mal.

* Agradéceles cuando colaboren contigo, cuando te ayuden, cuando se expresen de buena forma hacia los demás, cuando te obedezcan y reaccionen de forma positiva.

* Respóndeles con cariño cuando se portan bien. Indícales qué es lo que te ha gustado de su comportamiento.

* Cuando un niño se porta mal, aprende a separar el mal comportamiento de la personalidad del niño. De lo que se trata es de criticar o reír sus conductas, no su persona.

* No les grites o critiques demasiado, especialmente frente a otros.

* No utilices adjetivos como "tonto", "estúpido", "vago"...

* No lo sobreprotejas.

El desarrollo de la competencia emocional está asociado a una relación positiva y comprometida con los otros. Es importante que nos niños aprendan que vivimos en sociedad y que necesitamos de los demás para desarrollarnos plenamente como personas y que existen un conjunto de normas de convivencia que debemos conocer y respetar. Por tanto, deberemos enseñarles desde pequeñitos a relacionarse, a compartir, a saber pedir y agradecer, a respetar a todas las personas, etc.




domingo, 5 de noviembre de 2017

LOS EXCESOS DEL CHUPETE

El chupete es como casi todo; si se utiliza con moderación es bueno, pero si se está dale que dale a todas horas durante los primeros años de vida, puede modificar los dientes y lo que es peor la arcada dental.

El problema no es la malformación del diente, al fin y al cabo, los dientes de leche se caen y vienen otros a sustituirlos. El problema es que los definitivos van a respetar la forma de la arcada maxilar. Si ésta está deformada, la posición de los dientes no será la correcta.

La mayoría de los niños deja el chupete a los cuatro años sin daños permanentes. Algunos especialistas señalan que los efectos nocivos son reversibles y que desaparecen si se abandona el hábito antes de los tres años.

Tiempo e intensidad
Pero la cuestión no depende sólo del tiempo que el niño tiene el chupete en la boca, sino de la intensidad con que lo chupe. Si succiona con ganas a todas horas, puede provocar problemas de maloclusión y malformación. Desde limitar el desarrollo óseo de la cara, mandíbula prominente, a que los dientes centrales inferiores salgan hacia dentro, mientras los superiores sobresalen.

También puede impedir la mordida entre los dientes superiores e inferiores, dejando la masticación en manos de los molares.

Si la posición de los dientes de leche no debe preocupar en exceso, la de los dientes definitivos si debe hacerlo. No es sólo una cuestión estética, puede acarrear problemas funcionales de masticación que aumentarán el desgaste dental y causarán dolores de cabeza. Las malformaciones más habituales se corrigen con ortodoncia, las más complejas requerirán cirugía oral y maxilofacial.

No podemos culpar de todo al chupete, pero ¿es necesario?. Sus propiedades relajantes contrastan con su papel durante la dentición: el succionar presiona las encías y aumenta el dolor. Quizá el secreto esté en su uso racional: a determinadas horas del día, para inducir al sueño y en renunciar a él antes de los dos años.


Chuparse el dedo
* Las tetinas de biberón difícilmente intervienen en las malformaciones ya que el tiempo que se tienen en la boca no es apreciable. Pero si puede resultar dañina la manía de chuparse el dedo, que tiene efectos similares a los del chupete con el agravante de que no se le puede quitar.

* Este mal hábito puede ocasionar una elevación excesiva del paladar que dificulta el desarrollo del  habla y la pronunciación, así como úlceras, callosidades y hasta deformaciones en el dedo.

* Mojar a menudo el dedo o el chupete en sustancias azucaradas para tranquilizar al niño favorece las caries y puede ocasionar incluso la pérdida de dientes.

sábado, 28 de octubre de 2017

DIENTES SANOS

En nuestra mano está el hacer que nuestro hijo no tenga miedo a ir al dentista si ha ido desde pequeño. Tenemos un reto: el convertir el cuidado de los dientes en algo divertido.

Podemos transformar la higiene bucal en un juego con unos pequeños trucos:
_ Cepillarnos en familia
_ Elegir el cepillo que más le guste
_ Hacerle cosquillas en la lengua

Así enseguida lo verá tan normal como el desayuno o el cuento que le contamos. Para ello lo mejor es predicar con el ejemplo y aplaudirle cada vez que lo haga. Y es que no hay nada mejor que unos dientes sanos para disfrutar de una infancia saludable.

Los dientes de leche más madrugadores son los incisivos. Entre 6 meses y 1 año. Los primeros dientes pueden ser un motivo de llanto. Lo normal es que su aparición venga acompañada de dolor y sensibilidad en las encías, que se inflamen y enrojezcan.

Los dientes de leche hay que tratarlos con mucho mimo, pues ocupan el mismo sitio que los dientes definitivos. Si se pierden antes de tiempo pueden salir los definitivos torcidos y si las bacterias campan a sus anchas, la caries puede adueñarse del alguno de ellos y propagarse al diente definitivo que aún se encuentra escondido.

La boca de los bebés requiere un cuidado especial. A partir de que salgan los primeros dientes, tras cada comida una gasa o toallita humedecida en suero o agua será la encargada de limpiar dientes y encías. Hay que asegurarse de que está tomando suficiente flúor. También hay que evitar ponerle azúcar o miel en el chupete y en los alimentos.

Hasta los 3 ó 4 años, ellos no son capaces de limpiarse los dientes por si mismos. Hasta entonces, les concienciaremos de no comer entre horas y no abusar de bebidas azucaradas y alimentos dulces. Hay que acostumbrarles a merendar fruta o pan y darles un dieta rica en vitaminas, minerales, calcio y fósforo.

A los 2 años y medio aproximadamente ya Tienen 20 dientes de leche y sería la hora de acudir al dentista.